EL próximo 15 de octubre se conmemora el día mundial de la concienciación de la muerte gestacional, perinatal y neonatal.Este artículo busca guiar a los profesionales de la salud en el delicado proceso de apoyar a los padres cuando deben despedirse de su bebé.
Es importante resaltar que, el proceso de formar una familia comienza mucho antes del nacimiento de un bebé. Para muchas parejas, el amor y el vínculo con su hijo se establecen desde el momento en que sueñan con concebir. Desde el instante en que imaginan la posibilidad de traer una nueva vida al mundo, empiezan a construir una conexión emocional profunda. No es solo un deseo abstracto; visualizan un futuro lleno de esperanza y promesas, le dan un nombre, sueñan con su rostro, imaginan su primer día de escuela, los momentos compartidos en familia y todas las experiencias que ese ser les traerá. Ese bebé, aunque aún no ha nacido, ya forma parte de su identidad familiar, de sus planes y de su vida cotidiana.
Cuando ocurre una pérdida perinatal o un diagnóstico difícil, ese futuro que habían imaginado se desmorona. No solo pierden a su bebé, pierden las esperanzas, los sueños y la vida que habían planificado juntos. Para los padres es el final de una historia que había comenzado mucho antes de la concepción. Por eso, es fundamental que los profesionales de la salud y la sociedad en general comprendan esta realidad.
La sensibilidad en el lenguaje y la empatía en el trato son esenciales. Hay que reconocer que, para estas parejas, el bebé ya es una parte central de sus vidas, es el primer paso para ofrecer un acompañamiento respetuoso y compasivo.
Por lo que es vital resaltar que, para muchos padres, el uso de términos como «feto», «embrión» o «producto» puede resultar extremadamente doloroso. Aunque estos términos médicos son técnicamente precisos, despojan de la humanidad al ser que para ellos ya es su hijo o hija. Es un ser amado, esperado y soñado, no solo un conjunto de células o un «proceso biológico». Estas palabras, aunque médicamente adecuadas, no capturan la dimensión emocional de lo que están viviendo.
Cambiar el enfoque y utilizar términos que reconozcan el valor emocional de ese ser puede marcar una gran diferencia en cómo los padres procesan su dolor, validando su experiencia y respetando el profundo amor que ya sienten por su bebé.
Cuando los profesionales de la salud se encuentran en la difícil posición de comunicar que un bebé no tiene latidos o que presenta una condición congénita, la forma en que se maneje este momento puede tener un impacto emocional profundo en los padres y familiares. Estos instantes requieren no solo de habilidades técnicas, sino también de una enorme dosis de sensibilidad y empatía.
Antes de comunicar una noticia difícil, es esencial que el profesional de la salud se prepare emocionalmente. La comunicación debe ser clara, tranquila y empática, evitando términos médicos fríos o deshumanizantes. Para los padres, el bebé es su hijo, un ser amado con un futuro imaginado. Reconocer esto es un acto de respeto hacia su dolor.
Al dar la noticia, el profesional debe tomarse el tiempo necesario, usar un lenguaje sencillo y sensible, y crear un espacio privado donde los padres puedan procesar la información juntos, sin apresurarlos ni presionarlos.
El momento de la despedida es crucial para los padres que han perdido a su bebé. Ofrecer un ambiente tranquilo y privado donde puedan despedirse en intimidad es una de las mejores formas de acompañarlos en su duelo. Este espacio debe estar alejado del bullicio hospitalario, brindando un ambiente de respeto y recogimiento.
Permitir que los padres tengan la opción de ver y sostener a su bebé es fundamental. Este contacto, si los padres lo desean, es parte importante del proceso de duelo. A menudo, sostener y despedirse de su hijo les ayuda a reconocer la realidad de su pérdida y a iniciar el proceso de duelo de una manera más consciente. El personal debe estar disponible para acompañar estos momentos, brindando apoyo emocional sin interferir en la privacidad del momento.
Además, ofrecer recuerdos tangibles como fotos, huellas de las manos o pies, o una pequeña prenda que haya utilizado el bebé puede ser de gran consuelo para los padres. Estos recuerdos les permiten mantener un vínculo con su hijo y honrar su memoria. Este tipo de gesto, aunque pequeño, tiene un valor inmenso en el camino hacia la aceptación y restablecimiento emocional
Finalmente, el duelo perinatal es una experiencia compleja que va más allá de la pérdida física de un bebé; implica la despedida de sueños, expectativas y un futuro imaginado. Para comprender este tipo de duelo, es esencial verlo como un proceso legítimo y profundo, en el que los padres deben ser acompañados con sensibilidad y empatía. A menudo, el dolor es silencioso y no siempre visible para los demás, por lo que es fundamental ofrecer un espacio de validación, donde los sentimientos de tristeza, culpa o confusión sean escuchados y respetados. Solo así, podemos comprender realmente el impacto emocional que supone perder un bebé en cualquier etapa.
Angy Estévez
Psicóloga Clínica
Especialista en Salud Mental Perinatal
Asociación Dominicana de Psicología Perinatal
Fundadora
@angyesteveza
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